jueves, 24 de febrero de 2011

OPINIÓN: “ANDORRA: ¿EL PAÍS DE LOS TOROS?”

Antiguamente, en Andorra, los toros eran imprescindibles para la economía del país. Eran la principal fuente de ingresos ya que esta afición pernoctaba en el país y llenaba los restaurantes y bares.

Llegó un momento, en el que la ley prohibió la matanza de toros, los pasacalles donde los chicos corrían delante de una manada de toros y el maltrato que les infligían, puesto que al final de cada “Torejada”, había un total de 500 personas que resultaban heridas por las heridas de astas de toros y otras 20 fallecidas como consecuencia de las avalanchas humanas.

Puesto que la economía actual, determinada en parte por el cambio climático ya que el índice de nevadas anuales es totalmente insuficiente para llenar las pistas de ski, se han visto obligados a reestablecer la antigua ley de toros, que consistía en llevarlos desde un punto de Andorra hasta la plaza, donde luego los toreaban, los provocaban y los mataban y que una vez fue censurada por las muchas bajas que ocasionaba.

A muchas personas les agrada este espectáculo, y a muchas otras les gustaría llegar a ser toreros, pero no piensan como se puede llegar a sentir el toro. No piensan en sus sentimientos, y mucho menos en su sufrimiento. ¿Les gustaría a los toreros sentirse como los toros? ¿Y sentir como se clavan las banderillas en sus espaldas? ¿Les haría gracia ser sacrificados ante una muchedumbre? ¿Se le llama arte al hecho de torturar a unos animales totalmente inocentes? ¿Es esto arte?

Hoy me voy a comer un perro, a mi propio perro. Se llama Lucky. Para cocinarlo, primero le voy a provocar un poco por toda la cocina, no, mejor por el comedor, que es más grande. Después de tenerlo mareado, le daré unos golpes con la sartén. Seguidamente, le clavaré un par de cuchillos, en su lomo, para que se vaya debilitando y pierda sus fuerzas. Si veo que son pocos, le clavaré otro par detrás de sus orejas. Cuando me canse, lo marearé un poco más por el comedor y cuando se haga muy repetitivo, cogeré una catana y lo remataré por la nuca.

Ahora imaginaros que este perro es un toro.

¿Qué les parece mi arte?



Lua Bazan
Tatiana Martín
Meri Pera

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